Thursday, February 28, 2008

El perfume de la higuera

El perfume de la higuera es uno de esos libros que te calan con su prosa tenaz y su léxico envolvente provoca resonancias de cangilón, profundas, húmedas.  

Ambientado en las huertas del Cinca, me ha devuelto de golpe los aromas, las texturas, el color y el tacto del verano más cálido que recuerdo, el del 2003.

 

Aquel verano vivimos el amor verdadero en la casa antigua de Antonio, a orillas del Vero. Cada noche, entre los últimos retozos del día, lo oíamos deslizarse rumoroso entre las huertas de Pozán de Vero.

 

Nuestra casa tenía esas persianas de tablillas enrollables, que nos cuidaban de la canícula en el día, de los susurros de los chopos por la noche y que para mí siempre serán el amor.


Los vecinos de arriba tocaban el piano por la noche, en la terraza, nosotros siempre especulábamos, incrédulos, con que la música era un disco, imposible tanta maestría.
 

El relieve del paisaje cuando paseábamos en bici hasta Castillazuelo o las bodegas de Viñas del Vero era tan perfecto que siempre nos sorprendía.

 
Gracias, Damián Torrijos, por vivificar el recuerdo.

Nuestra casa, con su fachada rosa palo, entre los chopos, se ve la ropa tendida en la terraza de la izquierda, una hamaca blaca y otra amarilla.

Huertas del Vero.

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Wednesday, November 14, 2007

Pareja de cigarro y móvil…

Plano general: idílico y recoleto restaurante en un pueblecito encantador del Pirineo.

Plano medio: unas parejas degustan platillos deliciosos, menos una de ellas que literalmente devora con ansia su comida.

Primer plano: Entre plato y plato la pareja fuma con fruición cigarro tras cigarro, hasta el punto de dejar a medias cada plato para poder fumar a gusto, con lo que concluyo que en realidad la comida es una excusa para poder fumar con deleite y fastidiarnos el rato a los demás.

Plano final: sin mediar palabra entre ellos desde que comenzó la comida, cogen cada uno su móvil y, con la mano libre que les deja el cigarro, lo toquetean sin mirarse siquiera. Pagan, se levantan y se van.

Viva el amor. Fundido en negro.

FIN

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Thursday, June 21, 2007

Cuando estuvimos enamorados.

Al igual que ellos, poetas de los siglos XII al XV, alguna vez estuvimos enamorados.

“Yendo y viniendo

voyme enamorando:

una vez riendo

y otra vez llorando”

 

“Que bien me lo veo y bien me lo sé

que a tus manos moriré”

 

“¿A dónde iré? ¿Qué haré?

Qué mal vecino es el amor”

 

“A la villa voy,

a la villa vengo,

si no son amores,

no sé qué me tengo”

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