Antiguas bitácoras II
Sábado 3 AGOSTO de 2002
Bajamos al amanecer en un bar de carretera (esas terribles carreteras llenas de “topes” o montículos para reducir la velocidad) a desayunar. Es muestra primera parada en 12 horas y el contacto con la calle es perturbador: estamos en la selva. La humedad es casi palpable y, aunque el sol no ha salido, se anuncia un calor impresionante. Un desayuno a base de plátanos fritos y sincronizada (tortita de trigo rellena de jamón de york y queso) nos prepara para el término del viaje.
Llegamos a TONALÁ, la población desde donde tenemos que partir hacia BOCA del CIELO… pero nuestro viaje no acaba aquí, no, tenemos que coger un taxi colectivo, es decir, un taxi compartido con cinco o seis personas, aparte del conductor, a unos 35 grados y con un 90% de humedad en el ambiente, recorrer unos tres cuartos de hora, cogiendo y dejando gente, en un paisaje al que el cultivo ha dado aspecto de sabana africana, para llegar al PACÍFICO. Lo que encuentro no es precisamente un océano poderoso con olas fantásticas, sino un entrante de mar, que debo cruzar convenciendo a un nativo de que me haga un rai, o viaje gratis al otro lado donde ya veo a Marina haciendo aspavientos.
Estoy ahora con la canícula de la selva, de noche, a la luz de una vela, escribiendo. Hemos encendido unos cocos secos, para ahuyentar a unos mosquitos que todavía no han aterrizado en mi piel. Estamos en una casa, entre un palmeral, en medio del manglar, situada en el GOLFO de TEHUANTEPEC, muy cerca de Tonalá- Puerto Arista. BOCA del CIELO es un jirón de tierra de unos 50 kms, mitad manglar, mitad palmeral, a un lado el Pacífico y, al otro lado, el estero, una lengua de agua salada que por la mañana entra del norte, transparente y azul y, por la tarde, entra del sur, oscura y caliente, del color del té muy concentrado: el agua se tiñe del color de las raíces del manglar. Aquí todo está lleno de palabras densas, gelatinosas, que te llenan la boca cuando las pronuncias: manglar, palapa, papaya, mango, pulpa, zopilote, cormorán, ceviche, caguama, totopos, pelícano, popote… Nuestra amiga Marina ha alquilado esta casa, gracias a su amistad con don Pedro, pero nuestra primera intención era alojarnos en la Palapa de Blas: un conjunto de techados de palma bajo los cuales hay colgadas hamacas para dormir… son muy cómodas, pero no está de más que os llevéis un buen repelente de insectos y una mosquitera. Blas os da de comer y sus hamacas por un precio más que barato: menos de 6 euros diarios. Mi llegada a la Palapa de Blas no pudo ser más decepcionante: no había cruzado medio mundo para ver a unos tíos (los clientes de Blas) jugando al mus, bebiendo pacharán, y escuchando a Estopa... pero no debemos juzgar, cada uno inventa su viaje y hay gente que prefiere sentirse como en casa. No era nuestro caso y nosotras preferíamos ir de visita a la Palapa de Blas y del resto del día pasarlo mirando el mar, o paseando este horizonte desdibujado por el agua.
Domingo 4 AGOSTO de 2002
En Boca del Cielo el ruido predomina sobre todo lo demás. Hay tanto ruido porque todo está vivo. Absolutamente todo: los peces saltan a mi alrededor cuando me baño, los cangrejos turquesa huyen de mis pasos, los cormoranes y pelícanos buscan pescado…. Por la noche, las sensaciones visuales desaparecen y el ruido es el auténtico protagonista: escuchamos los cocos, mangos de varias formas y colores caen blandamente, maduros, y se abren con lentitud. La naturaleza te abraza con dedos húmedos, cálidos, con su respiración tibia que se convierte en un vaho dulzón que se adhiere a la piel, protegiéndola. Hay tantas estrellas que el cielo despide luz y se recortan las siluetas de las palmeras. Insectos similares a las luciérnagas vuelan de palmera a palmera como pequeños meteoritos….
Lunes 5 AGOSTO de 2002
Nos levantamos con el calor de verdad, el de aquí, un calor que te impide respirar por la mañana hasta que no te refrescas con una ducha. Nos vamos a la playa, por supuesto debajo de una palapa ya que el sol es insoportable e incluso peligroso. Este mar sí es un mar. La resaca de las olas deja una estela de muchos metros de espuma blanca que ciega, reflejando el sol. Es tan amplia porque hay dos rompientes: el de las olas grandes y el de las olas pequeñas, las que todavía podemos dominar (no os recomiendo dejar de tocar el fondo con los pies en el Pacífico). En medio de ambos rompientes nosotras, solas… es una sensación de soledad absoluta. Esta noche iremos a ver el resplandor de las estrellas sobre el Pacífico.
Martes, 6 de AGOSTO de 2007
Ayer fuimos a ver las estrellas, estrellas que caen sobre el horizonte como una lluvia, como si el horizonte curvo se acabase ahí mismo, ya lo decían los navegantes antiguos: más allá hay dragones… y las estrellas caen como para dar la vuelta al globo terráqueo. Nosotras echadas, contemplando la luz de ese cielo, una luz que convierte al mar en una espuma blanca que va y viene, y que tiene, como el cielo, un fulgor fosforescente.Creo que es el paisaje más hermoso que he visto en mi vida. Hoy fuimos a ver los pueblitos pesqueros del estero, MOJARRA y SAN CAYETANO con don Pedro y su hija, las aves, los animales, todo bajo un sol abrasador, pero reconfortante, a la vuelta don Pedro y doña Lidia, nuestros vecinos nos convidan a un platillo de arroz, camarones, tomates y aguacate… una buena despedida, ya que mañana partimos para Guatemala.